Las diosas y las nubes (II)

Reír

Me gusta reír y los que ríen. La adorable risa, que este siglo tan hueco, tan puritano, tan solemne no comprende. Los griegos ya sabían bien que una cosa puede ser risible y trágica a un tiempo, como el final de Bienvenido Mr. Marshall. La cualidad del triste, los dones de la melancolía y ese hondo misterio que es la risa pueden convivir, y de hecho lo hacen a menudo, en un tiempo y en un lugar, concentrados en cualquier hito del camino humano. Al nacer, lo primero que aprendemos es a llorar, porque nos vemos solos, confundidos y aterrados de nuestra propia existencia en un universo inmenso y oscuro. Pero la siguiente lección es la de la risa. Como un resorte innato —así el amor— cuando descubrimos, y con qué consuelo, que ese universo, al menos, no está vacío.

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Publicado: 27/10/20

Última actualización: 15/11/20


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