La planta «moli»: de razones y delirios
En Odisea X Hermes le entrega a Odiseo la misteriosa planta moli (que sólo saben extraer los dioses), como antídoto al phármakon de Circe para convertirle en cerdo y hacerle olvidar su regreso. Desde la Antigüedad ha habido muchos intentos, sin éxito, de encontrar un correlato de esta planta en la realidad. Se la ha llegado a asociar con la mandrágora. La etimología también es oscura, probablemente de origen preindoeuropeo. Chantraine habla de una posible relación con el sánscrito mulam (‘raíz’). También hay un derivado tardío en un tratado ginecológico de Hipócrates: móluza (‘cabeza de ajo’).
Los escoliastas antiguos, que le daban mil vueltas a todo, son una fuente inagotable de perlas. Aquí apuntan a algunos datos curiosos. Por ejemplo, Hermes le dice a Odiseo que los dioses llaman a la planta «Moli» y que tal raíz es difícil de arrancar para los mortales. El escolio concluye en que Homero no desvela cómo la llaman los mortales, no sea que los lectores de la Odisea se pongan a buscar la planta por su cuenta y salgan perjudicados, ya que le atribuyen propiedades perniciosas, incluso la muerte, si uno no va preparado. Eso entronca, claro, con la noción antigua que veía en Homero el origen de toda sabiduría, incluso botánica. Pero el solo hecho de que el nombre de la raíz sea dado por los dioses introduce un elemento numinoso potente en los hexámetros: una palabra que no proviene de los hombres.
La moli es un pharmakon, así que entendemos que Odiseo la debe ingerir o tomar en infusión. Pero también se la presenta como una suerte de talismán. Ciertas explicaciones evemeristas modernas, incluso apoyadas en la química (!) afirman que las pócimas de Circe eran más bien de carácter alucinatorio y no transformaban físicamente a las víctimas. Es llevar las cosas al extremo, pero tampoco olvidemos que Homero se muestra gratamente ambiguo en muchos aspectos de ese fascinante episodio, y todo lo está narrando Odiseo. Quién sabe si Circe los mantenía a todos en un estado sostenido de alucinación.
Otro escolio incide en una interpretación alegórica de la planta que fue muy popular en la Antigüedad. La raíz vendría a simbolizar «la razón perfecta» (τὸν τέλειον λόγον), escudo frente a los delirios que proponía Circe. Si seguimos jugando con el simbolismo, yo no lo vería en términos tan maniqueos (razón vs. irracionalismo), sino como el uso de cierto traje protector (una escafandra de buzo) para sumergirse en ese mundo orientalizante de la isla de la ninfa. Odiseo necesita lo irracional de Circe como una suerte de complemento a su astucia analítica. Sin la fusión de ambos tal vez no podría haber vuelto a casa. Así pues, la planta moli le aportaría al hijo de Laertes un cierto distanciamiento, necesario para no dejarse deslumbrar ni sucumbir.
Los griegos bebieron mucho en esos orbes orientales, pero tampoco se dejaron deslumbrar y los reconfiguraron a su conveniencia. Un ejemplo notable lo tenemos en Safo, en una isla de Lesbos siempre de cara a la fascinación de Asia Menor, que bien puede condensarse en el poikilos del epíteto poikilothronos en el himno a Afrodita, refiriéndose al trono de la diosa (o a sus flores bordadas, según otras interpretaciones). Poikilos, término difícil de traducir: algo labrado con muchos colores, con mucho capricho, deslumbrante, hipnótico. La sabiduría de Safo consistió en encauzarlo, darle forma, a través de las sílabas contadas de sus versos y las cuerdas de su lira.
El pasaje pertenece a mi traducción de la Odisea (La Oficina 2024). Click en la imagen para ampliar:
Figura 1: Homero, Odisea. Traducción de Juan Manuel Macías (La Oficina 2024)
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Publicado: 13/04/26
Última actualización: 13/04/26
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