Las diosas y las nubes (II)

Mito

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Figura 1: La fragua de Vulcano (Diego Velázquez)

Traducir poesía es una manera más de hacer poesía. Y, frente a lo que muchas veces se cree, no consiste en extraer de un texto un determinado contenido (unos «datos», digamos) para encajarlo en una «forma» escogida. No es, pues, un acto de habilidad, más o menos limpia, más o menos precisa que distingue la pulpa de la piel: el barquito en miniatura y la botella en que alojarlo. Más bien es la fragua íntima de Hefesto, donde se agita y bulle la materia del idioma, la tradición, las lecturas y la vida.

En Odisea XI, el rey Alcínoo interrumpe el relato de Odiseo para negar, entusiasta y convencido, que lo narrado por el rey de Ítaca sea mentira, maquinaciones de un truhán. Antes bien, lo compara con un aedo y le dice que da forma a las palabras, en el sentido del artesano que modela una masa amorfa (σοὶ δ’ ἔπι μὲν μορφὴ ἐπέων). El canto del aedo es ya para nosotros ficción (¿mentira, al cabo?) pero no en el universo de la Odisea.

Si nos paseamos por los scholia vetera de ese pasaje (siempre es grato hermanarse con los lectores de la Antigüedad), encontraremos una conclusión fascinante. Dice el escoliasta:

«οὐ γὰρ ἄνευ μύθων οἴονται εἶναι ποιητικήν· διὸ ὁ Πύθιος οὐκ ἂν λεχθείη ποιητής».

O sea: «Pues se dice que sin mitos no hay poética. Por lo cual el Pitio [se refiere al oráculo de Apolo en Delfos] no podría ser llamado poeta».

Aunque se exprese en un verso correctísimo, el oráculo sólo nos da información, datos. Pero no articula ningún mŷthos, y sin mŷthos no hay poesía.

Mŷthos, palabra una vez más de etimología desconocida. Hay quien ha sugerido que proviene de una onomatopeya my seguida de un sufijo -thos. Pero, como apunta con toda razón Chantraine, tal explicación está en las antípodas de lo que la palabra significa. El mŷthos es el conjunto de palabras que encuentran su trabazón y su vínculos. Como un organismo (añadiríamos) vivo. No un graznido eufónico ni un mensaje que entregar, pues si se separa lo que dice de cómo lo dice es arena que se escurre entre los dedos. El mŷthos, pues, es la voz articulada, cuerpo que vive sólo mientras sucede el poema.

Entonces, ¿verdad o mentira? Diríamos que el mŷthos no es verdadero como el teorema de Pitágoras, sino como el propio Pitágoras. El poema no da respuestas ni información trascendental a la manera de un oráculo. No te desvelará el sentido del mundo, sino que es (poniéndonos aristotélicos) mímesis del mundo. Se contamina, en ese curso exacto de la voz con sentido, del misterioso virus de lo real. Como esas muchachas de oro que fabricaba Hefesto y que en la Ilíada (18.417) se dice que tenían inteligencia en sus mientes y estaban dotadas de voz y fuerza.

El pasaje pertenece a mi traducción de la Odisea (La Oficina 2024):

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Figura 2: Homero, Odisea. Traducción de Juan Manuel Macías (La Oficina 2024)

Etiquetas: lecturas libros Odisea poemas poesía traduciendo varia

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Publicado: 06/04/26

Última actualización: 08/04/26


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