Métis
La cualidad esencial de Odiseo no es la fuerza bruta, aunque puede echar mano de ella, como guerrero aristocrático que es (o era), en casos puntuales a lo largo de la Odisea, especialmente en la matanza de los pretendientes. Su atributo principal es, por contra, la métis, que podríamos traducir por «inteligencia» o «astucia». En todo caso métis no designa una inteligencia abstracta (el rey de Ítaca tiene poco de filósofo) sino la previsión y el estudio detallado de las circunstancias adversas con el propósito de llegar a un fin. Métis es, de hecho, un sustantivo con un antiguo sufijo de acción en -ti, sobre la misma raíz que tenemos en español «medida»: *med-, que se relaciona con el griego métron o con el latín modus e incluso medicus. Odiseo es, pues, un calculador que trama un plan, conductas más propias de los personajes femeninos en la épica tradicional.
El héroe masculino está en las antípodas. Sólo ve dos caminos, destruir o destruirse. El personaje arquetípico es Aquiles, redundancia de sí mismo, puro fuego a la vez que combustible, destinado a arder. Pero el mayor antagonista de Odiseo en su regreso, el cíclope, no lo es por ser masculino ni la contienda entre ambos es la lucha entre pares del combate aristocrático. Polifemo niega la civilización. Es asocial y, por tanto, antipolítico. La astucia de Odiseo (junto a un poco de buena suerte) les salva a él y a sus hombres. Mas no sólo conservan la vida, sino que la huida de esa cueva es también un símbolo de la civilización que prevalece. Por desgracia Odiseo tuvo un mal momento para ser de nuevo el héroe aristocrático y, en un arrebato de orgullo y desahogo, le gritó desde la nave al cegado Polifemo su nombre, nacionalidad y residencia. Y ahí empezarían de verdad sus problemas.
Penélope, por supuesto, comparte esa métis con su esposo. No es un personaje pasivo ni resignado. Su ardid con la tela logra algo asombroso: suspender, en cierto sentido, el tiempo. Y es que el héroe y la (ya con derecho propio) heroína de la Odisea no buscan la victoria en el sentido tradicional, sino algo mucho más preciado: perseverar para poder llegar a puerto, y adaptarse sin descanso al entorno durante el arduo viaje. Y tal vez no sea del todo casual que el término griego para el telar sea el mismo empleado para nombrar el mástil de las naves.
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Publicado: 16/05/26
Última actualización: 16/05/26
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