Mentira y verdad
Cuando Odiseo regresa a Ítaca, se conduce con forma de mendigo (por obra de Atenea) y no se cansa de referir distintas versiones de sus andanzas. A Eumeo, a Penélope (que, naturalmente, no lo reconoce), al pretendiente Eurínomo y hasta a la misma Atenea, que queda pasmada por su desparpajo. «Hechos alternativos», como se dice ahora. Su inventiva parece no tener límites, para disfrute de él mismo y de los lectores.
Estas historias resultan mucho más terrenales que esas otras fabulosas que les contó a los feacios (el cíclope, los lestrigones, Circe, la bajada al Hades, las sirenas y demás portentos y monstruos). Los lectores pueden sentirse legitimados a dudar de que tales aventuras fueran ciertas, teniendo en cuenta los antecedentes fingidores del rey de Ítaca. Sin embargo, cuando Odiseo queda solo en su palacio, se dice esto (en mi traducción):
«Aguanta aún corazón, que otras vilezas pasaste
mayores, el día en que el cíclope arrollador devoraba
a los bravos compañeros. Y aguantaste hasta salir,
por mi astucia, de ese antro donde nos creíamos muertos».
Estando solo no tiene mucho sentido que mienta.
La Odisea es, entre otras muchas cosas, una historia sobre el arte de contar historias, como una suerte de homenaje de un aedo a su propio gremio. Están los aedos Demódoco y Femio como personajes. Pero el rey Alcínoo también le dice a Odiseo (en mi trad.): «tú das forma a las palabras, y juiciosas son tus mientes,/ y todo nos lo has narrado con el saber de un aedo, los quebrantos que sufristeis los argivos y tú mismo».
En esta historia de historias el protagonista no podría ser otro que un mentiroso. Pero no un mentiroso cualquiera. Odiseo ya no es el héroe menor y astuto que asoma en la Ilíada. Ahora es alguien que «miente» como un aedo.
Hesiodo, en Teogonía 27-28, nos regala estos versos donde hablan las musas:
ἴδμεν ψεύδεα πολλὰ λέγειν ἐτύμοισιν ὁμοῖα,
ἴδμεν δ’ εὖτ’ ἐθέλωμεν ἀληθέα γηρύσασθαι.
(sabemos decir muchas mentiras semejantes a verdades/pero cuando queremos también sabemos declarar verdades).
Finalmente Odiseo, en la intimidad del lecho, le vuelve a narrar a Penélope las mismas aventuras fabulosas que les contó a los feacios, como una pequeña Odisea resumida. Tal vez para convencerse de que todo eso fue verdad, aunque quien está tras bambalinas es el aedo que nos finge un bello cuento.
El pasaje pertenece a mi traducción de la Odisea (La Oficina 2024). Como un eco lejanísimo, Homero usa aquí la palabra mythos (’historia’, ’relato’).
Figura 1: Homero, Odisea. Traducción de Juan Manuel Macías (La Oficina 2024)
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Publicado: 19/03/26
Última actualización: 19/03/26
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