La deriva
La mentalidad del marino de la Odisea no es la de un aventurero temerario que se enfrenta al mar como a un gran papel en blanco. La palabra «pónto», en origen, tiene que ver con «camino». O más bien con un «puente» (vocablo también emparentado) entre dos orillas. El vivir rodeado de islas ayudó bastante, claro, a labrar esa concepción.
Sin embargo, en el poema hay un gran punto de inflexión cuando, según les narra Odiseo a los feacios, tocan la costa de Ísmaro tras partir de Troya y allí mismo entran en contienda con los cícones. Hasta aquí hallamos una narración acorde con la tradición de los nóstoi: navegación por rutas conocidas y saquear al más puro estilo aqueo. Y, lo más importante, los lugares descritos son perfectamente reconocibles para el auditorio. Pero al doblar el cabo de Malea, los vientos y las tormentas los alejan del último lugar conocido, la isla de Citera. Y es aquí donde comienza la deriva, y el mar ya no es un conjunto de caminos sino una gran singularidad de donde puede surgir cualquier cosa. Lo monstruoso y lo fantástico sólo pueden darse en esa geografía que ya no es, propiamente hablando, una geografía sino un delirio. Sería impensable que Homero ubicase todos esos prodigios que van a llegar a continuación en un lugar familiar para su público. En la Odisea lo maravilloso sólo está presente a partir del extravío, por oposición a Ítaca, donde todo es conocido, cotidiano y gris. Pero la maestría de Homero nos ofrece algo incluso más fascinante. Cuando se alejan de Citera no hay una brecha ontológica en el mundo descrito, no hay una puerta que atravesar, no tenemos el espejo de Alicia ni el tornado de Dorothy ni el armario de Narnia. Tan sólo unos malos vientos los alejan de su ruta a casa, pero siguen navegando. En dos palabras, no han llegado a otro mundo sino que ha mudado su percepción del mundo. Y de hecho es el propio Odiseo el que está narrando todo esto: primero a los feacios y luego, al final, a Penélope en el lecho reencontrado. Como repetirlo en el sueño y la vigilia.
El pasaje pertenece a mi traducción de la Odisea (La Oficina 2024). Odiseo narra ese punto de inflexión donde los vientos los llevan lejos de Citera y llegan a la tierra de los lotófagos.
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Publicado: 10/06/26
Última actualización: 10/06/26
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