Las diosas y las nubes (II)

La Odisea como refutación de la línea recta

La Odisea como refutación de la línea recta: un pasaje del prólogo de mi traducción de la Odisea (La Oficina de Arte y Ediciones 2024).

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La Odisea no solo es una búsqueda de la memoria. También se nos antoja una encendida refutación de la línea recta, la cual, si bien es el camino más corto entre dos puntos, no resulta el más efectivo, al menos en el particular universo del poema. El ejemplo más notable de ello está en el largo entretenerse de Odiseo para volver a Ítaca, pasando por mil y una peripecias, vagabundeo que inspiró el célebre poema de Cavafis. Pero también encontramos esa morosidad en la entrada en escena de nuestro protagonista, que necesita cuatro largos cantos para mostrarse ante los lectores: mucho más, desde luego, de lo que tardó en aparecer la cólera de Aquíles en la Ilíada. Podemos celebrar que la Odisea no fuera escrita por uno de esos eruditos que veían añadidos e interpolaciones por todas partes. De haber sido así, Odiseo se nos presentaría ipso facto en el primer canto, y el nombre de Ítaca siempre sería el de un anhelo, la meta lejana que parece inalcanzable. Pero no. Gracias a la magia de nuestro poema, y al genio del cantor, el lugar adonde quiere regresarse Odiseo nos inunda los ojos desde el mismo comienzo, tan real como todo lo que está bajo la luz del sol. Aquí es Odiseo el añorado, lo irrealizable, la hipótesis. Los pretendientes y sus excesos, el palacio, Penélope, Telémaco… Tan palmarios como la pura rutina. En este paisaje tan poco apetecible de la degradación en que acabó la casa del ausente rey de Ítaca, el repentino protagonismo de Telémaco convierte al hijo de Odiseo en alguien tremendamente cercano para los lectores, acaso un lector más de la Odisea. Desde el comienzo del poema vemos que cada personaje que va apareciendo tiene un propósito y está muy seguro de su lugar en la trama. Pero Telémaco anda de un lado a otro como desubicado. No acaba de encontrar su papel, hasta que Atenea, transfigurada en Méntor, se lo muestra: madurar, salir a buscar noticias del padre. Ir a Pilos y a Esparta para volver con las manos vacías. Raquíticas aventuras y escasos trabajos éstos. Pero para Telémaco es la aventura de su vida. Y como nosotros los lectores, todo lo que ve se le hace maravilloso y nuevo.

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Figura 1: Homero, Odisea. Traducción de Juan Manuel Macías (La Oficina 2024)

Etiquetas: libros Odisea poemas poesía traduciendo varia

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Publicado: 26/07/25

Última actualización: 26/07/25


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